|
El Barroco es un estilo artístico fundamentalmente religioso, aparecido durante la llamada Contrarreforma, que se inició en Italia, en los últimos años del s. XVI y que se extendió por toda Europa hasta la segunda mitad del s. XVII como la corriente artística-literaria que debía enfrentarse a las tendencias paganas del Renacimiento, llegando a América, en el s. XVII, de manos de los jesuitas. Esta corriente fue empleada por la Iglesia Católica como respuesta a los múltiples movimientos culturales revolucionarios que surgieron de una nueva concepción de ciencia y de unas nuevas formas de entender la religión, iniciadas por Lutero y conocidas bajo el nombre de Reforma. La tendencia protestante a construir sobrios edificios para el culto fue contrarrestada por la grandiosidad y la complejidad del Barroco. La arquitectura, la escultura y la pintura fueron utilizadas para dar prestigio a la autoridad papal y para ilustrar las verdades de la fe católica. Por esta razón, se puede afirmar que el Barroco es una expresión estética vinculada a los dos poderes imperantes de la época: la Iglesia y las Monarquías Absolutas. Su estilo es majestuoso, dinámico, efectista y teatral. Se caracteriza por la acumulación de formas y por el exceso de elementos ornamentales como, por ejemplo, las columnas retorcidas que no han de sostener nada. La arquitectura barroca se reconoce por el predominio de la línea curva sobre la recta. Las superficies se ondulan, las estructuras son elípticas y los muros se doblan y se retuercen, acompañado todo de una gran monumentalidad. En escultura, se prima la función decorativa sobre la constructiva y los bustos buscan efectos ilusionistas. En las grandes pinturas murales se confirma el gusto por la teatralidad, reflejada en los retratos y en los grandes altares de las iglesias, con una complicada y dramática estructura. Destaca el movimiento y el dinamismo de las imágenes que muestran pasiones violentas y exaltadas, así como la iluminación antinatural que produce el claroscuro sobre las figuras en los cuadros. En Italia sobresalen los nombres de Bernini y Borromini, Pietro da Cortona, Caravaggio y los hermanos Ludovico, Agostino y Annibale Carracci; en Francia, Nicolas Poussin y Georges de la Tour; en los Países Bajos, Rubens y Rembrandt; y en España, Velázquez, Ribera, Murillo y Zurbarán. En su última etapa, la estética barroca se vuelve tan extremada que adquiere un nombre propio: el estilo Rococó. El fin del Barroco viene determinado por el nacimiento, en el norte de Europa, de un nuevo movimiento que retoma lo clásico, el Neoclasicismo.
|
|||||||||||||||
|
El Rococó se presenta como la culminación del Barroco, aunque los estudiosos no se ponen de acuerdo en determinar si este estilo es autónomo e independiente de su antecesor o si es el movimiento que concluye la exaltación y majestuosidad del Barroco. Lo que es seguro es que el Rococó surge en Francia, concretamente, en las refinadas cortes de Luis XV y Luis XVI y tiene unas características propias, siendo las más destacables su desvinculación de toda cuestión religiosa, la opulencia, la elegancia y el empleo de colores vivos que contrastan con el pesimismo y la oscuridad del Barroco. La creatividad es otro de sus rasgos característicos, la búsqueda de la novedad lleva a hacer bellos enseres, sobre todo muebles u otros objetos agradables, saliéndose de la norma, de lo establecido, del rigor. Por otro lado, esta nueva tendencia, ya sea consecuencia o independencia, es un arte eminentemente aristocrático. Está concebido para la clase alta, amante de un estilo mundano, para una sociedad que prioriza la libertad, el buen gusto y el placer. El Rococó repite los modelos barrocos pero enfatizando los aspectos decorativos en el conjunto arquitectónico. A pesar de emplear materiales de bajo coste, esta tendencia ofrece un aspecto de lujo al abundar los elementos dorados e imitar los materiales nobles. Con el Rococó se impone la acumulación de elementos decorativos basados en líneas ondulantes y en la asimetría. La representación pictórica del Rococó se centra en fiestas galantes y campestres, damas, rigodones, minués y aventuras amorosas y cortesanas. Por toda razón, se recuperan los personajes mitológicos aportando sensualidad, alegría y frescura a las composiciones en las que la figura de la mujer es la fuente de inspiración, en un escenario de historias pastoriles e idílicas. La consideración de arte frívolo proviene de esta exclusividad de clase pudiente, ajena a los problemas sociales y concentrada en el deleite. En España, el Rococó fue introducido durante el reinado de los Borbones, a través, sobre todo, de las esposas de Felipe V y de su séquito, quienes consideraban a este estilo un modo cercano y placentero de paliar el aburrimiento de la corte. En nuestro país destacan los artistas Diego de Villanueva y Ventura Rodríguez. Sin duda, el francés Jean-Antoine Watteau es considerado el más grande autor del Rococó, siendo sus sucesores los pintores François Boucher y Jean-Honoré Fragonard. En Inglaterra, Reynolds y Gainsboroug y, en Italia, Solimena y Tiépolo son sus autores más destacados. Al igual que el Barroco, el Rococó se desarrolló hasta el surgimiento del Neoclasicismo, en el s. XVIII. Cabe decir que en algunos puntos de Europa convivieron ambas tendencias tan contrapuestas. |
|||||||||||||||
|
El Neoclasicismo es un estilo que supone una vuelta a la pureza de la Antigüedad Clásica, puesto que se inspira e imita los valores clásicos. Nace en Francia, durante la segunda mitad del s. XVIII, como respuesta al Barroco y al Rococó. Sobresalen los temas históricos y mitológicos, predomina el desnudo de estilo griego y las posturas académicas. En arquitectura se recuperan los volúmenes, soportes, cúpulas, las técnicas y las tipologías tradicionales. Las figuras están sometidas a las leyes de la armonía y de la proporción. En pintura y demás artes plásticas, imperan las composiciones, la temática, los cánones de belleza, las técnicas, etc. de los grandes clásicos. Esta vuelta a las formas y los modelos de la Antigüedad Greco-Romana se debe a la voluntad de recuperar el universo regido por la razón. Por ello, se considera un arte básicamente normativo, donde lo primordial es el dibujo y el color se vuelve subsidiario. Por norma general, se rechaza el movimiento y, cuando está presente, semeja congelado, estable y predecible. Las Academias se convierten en los órganos encargados de sistematizar y reforzar las enseñanzas artísticas y el artista debe realizar obras técnicamente perfectas, en detrimento de su propia espontaneidad y creatividad. El pensamiento social neoclásico adopta y promueve algunas de las ideas básicas de la Revolución Francesa, como, por ejemplo, la necesidad de un nuevo orden en la sociedad. Así, se construyen iglesias, siguiendo el estilo de templos clásicos, pero también edificaciones civiles como escuelas, hospitales, mercados, cárceles o cuarteles. El Neoclasicismo en España tiene una vigencia prolongada, sobre todo en lo referente a la arquitectura y a la escultura, y llega a solaparse con el Barroco. La racionalización y la medida espacial, la falta de decoración, el uso de tonos suaves contrasta, por otro lado, con obras de la misma época pero de estilo Barroco, más aceptado y popular que el nuevo estilo neoclásico. En este periodo cada destacar el año 1752 como fecha clave para la entrada del Neoclasicismo en España, puesto que se funda la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, patrocinada por el Estado y modelo a seguir por las creadas posteriormente en Valencia, Zaragoza o Valladolid. Existen numerosos maestros de la pintura neoclásica como Ingres, Greuze o Prudhon pero de entre todos ellos destaca Jacques-Louis David, quien reproduce los principales hechos de la Revolución Francesa y exalta los mitos romanos, a los que identifica con los valores de la Revolución. |
|||||||||||||||
|
El Romanticismo tiene su génesis en el movimiento ilustrado del s. XVIII, que reclamaba la autonomía del pensamiento. Es un momento histórico mundial marcado por los sucesivos movimientos de independencia y por un fuerte nacionalismo que, en el caso español, es consecuencia del rechazo a la ocupación napoleónica. La corriente romántica surge como oposición al Neoclasicismo, ya que es un arte de sentimientos arrebatados y fogosos, lleno de fuerza y libertad. Si el Neoclasicismo vuelve la mirada a la Antigüedad Clásica, el Romanticismo mira a la Edad Media, pero con un desmedido apasionamiento y una fantasía sin precedentes. Se exalta la libertad y el patriotismo, la nostalgia y la desesperanza. Los autores reivindican la libre creación, desligada de las normas y, frente a la razón predominante en el Neoclasicismo, ahora se impone el sentimiento, la pasión se expresa con violencia y se persigue el movimiento desenfrenado. Por este motivo, el Romanticismo es un estilo individualista, es una corriente cultural que se concreta en cada una de las facetas que rodean al individuo. Se destaca la autonomía y la experiencia sensual, prima la valoración de lo subjetivo y del acto creativo frente a todo el conjunto de normas y reglas de la objetividad, otorgando una crucial importancia al mundo de los sentidos, la fantasía y la imaginación. El arte se relaciona con las creaciones fantásticas y muestra paisajes inspirados en la noche, las ruinas, la naturaleza salvaje, así como la locura, la muerte, los cementerios y las tragedias. En la técnica se recupera la fuerza del color en poderosos contrastes, las posturas y la gesticulación se vuelven arrebatadas y desequilibradas y los claroscuros son muy acusados. Entre los más destacados pintores debe mencionarse a Géricault, Gros y, sobre todo, a Eugène Delacroix, como máximo representante de este nuevo estilo. En España, Francisco de Goya es considerado como el precursor de este movimiento artístico con su obra La carga de los mamelucos (1814). |
|||||||||||||||
|
El arte realista se presenta como un movimiento que intenta plasmar objetivamente la realidad, incorporando las experiencias más directas, tras el agotamiento de los valores románticos. El Realismo alcanza todos los ámbitos de la creación humana aunque tiene una gran importancia en la literatura. En el caso de las artes plásticas, consigue la máxima expresión en Francia, a mitad del siglo XIX, como consecuencia de la situación política y económica generada en Europa, tras la Revolución Industrial. Los pintores realistas prestan una atención mayor a la observación directa de la naturaleza y a la realidad del momento. Aunque existen algunos matices entre los autores, en general, éstos muestran un interés especial por la situación del proletariado y de las clases sociales más desfavorecidas, surgidas del contexto industrial marcado por la explotación infantil, los horarios excesivos, las condiciones de vida penosas y las viviendas insalubres, entre otros aspectos. De este modo, ya sea desde una postura combativa o más bien moderada, todos los artistas realistas comparten una estética basada en la representación directa de la realidad. Se dejan de lado los temas banales de los palacios o de los grandes burgueses al defender una pintura sin argumento que implica la simple captura de la realidad. También, se rompe con la rigidez de las reglas oficiales, buscando la verosimilitud con lo que se observa, el retrato fiel de actitudes y de personajes. El Realismo emplea colores cercanos a la naturaleza con el fin de mostrarla tal cual es. El artista se aleja de la fantasía y de los temas intranscendentes para la sociedad para convertirse en vehículo de denuncia, que deja de lado lo personal y lo subjetivo para mutar en un fin social. Se representan escenas cotidianas, de ambientes urbanos próximos, más reales y cercanos al espectador. En consecuencia, la pintura representa la instantánea del vivir popular. El modo de transmitir esta realidad varía según el autor. Los tres artistas más significativos del Realismo son Courbet y su crudeza objetiva, la simplificación gráfica de Daumier y el filtro idealista de Mollet. |
|||||||||||||||
|
El Impresionismo es un movimiento pictórico surgido en Francia a finales del s. XIX en rebeldía a las fórmulas artísticas impuestas por la Academia Francesa de Bellas Artes y que se ve apoyado por los críticos de arte, que se encargarán de encauzar el gusto del público, y los marchands, los vendedores de arte o marchantes, que colocan sus cuadros en las mejores colecciones del país. Este movimiento se hizo visible en 1863, cuando un grupo de jóvenes pintores expuso algunas de sus obras en el Salon des Refusés, a modo de réplica contestataria a la exposición de los Salones Oficiales de Otoño, que, según ellos, mostraba un arte estancado y carente de originalidad. Sin embargo, es a partir de la exposición de 1874 cuando se considera que empieza el movimiento impresionista, y Monet es visto como el “padre” de esta tendencia gracias a la obra Impresión amanecer (1872), llamada también Impresión sol naciente. Es curioso señalar que el término impresionistas les fue asignado por el crítico de arte Louis Leroy, después de analizar dicha obra de Monet y parafrasear su título en una despectiva valoración.
|
|||||||||||||||
|
El Simbolismo es un movimiento literario y plástico, de origen francés, que irrumpe en Europa, a lo largo del último tercio del s. XIX, en respuesta tanto al Romanticismo como al enfoque realista contenido en el Impresionismo. El Simbolismo literario fue una tendencia que llevó a los escritores a exponer sus ideas, sentimientos y valores a través del uso de símbolos. Del mismo modo, en pintura esta corriente insinúa el uso de determinados protocolos pictóricos como, por ejemplo, la pose, el gesto o diversos atributos para expresar el significado alegórico oculto en una obra de arte. Para los simbolistas el arte no supone una simple representación, como lo había sido para los impresionistas, sino que es entendido como una revelación de una realidad a medio camino entre el mundo subjetivo y el objetivo, entre la consciencia y el inconsciente. En el alma del hombre se esconden sentimientos innatos que los objetos reales nunca podrán satisfacer, sólo la imaginación del pintor o del poeta puede dar forma y vida a esas emociones. El Simbolismo está basado más en la experiencia emocional que en el análisis visual. Las ideas y las emociones representan esa realidad superior, múltiple y subjetiva que constituye el fundamento del Simbolismo. Según Jean Moréas, autor del Manifiesto del Simbolismo (1886), la característica esencial del arte simbolista radicaría en “no fijar nunca conceptualmente la idea ni expresarla directamente. Y por eso en el arte de las imágenes de la naturaleza, los actos de los hombres, todas las apariencias concretas no deben hacerse visibles por sí mismas, sino que han de quedar simbolizadas mediante rastros perceptibles por los sentidos y a través de secretas afinidades con las ideas originales”. Ante este hecho, los artistas se inscriben en dos posturas antagónicas: una que retoma lo puro, la esencia, lo más elevado y la nobleza cósmica y otra posición que, por el contrario, desciende a los infiernos en busca del ensalzamiento de la muerte, del pecado y de lo diabólico. En el primer supuesto, el Simbolismo “positivo” continúa en su intento de clarificar los diferentes secretos del ser: el de la vida, las profundidades del alma, lo desconocido, la mística, lo trascendente, etc. En el polo opuesto se sitúan los simbolistas “decadentes”, que buscan enaltecer el pecado. Frente a la tendencia universalista que domina al primer grupo, los segundos se respaldan más en el yo narcisista mediante la subversión y el exhibicionismo de sus propios miedos e instintos. A través del horror y la lascivia, los “decadentes” plasman en sus creaciones lo más escondido de su ser. |
|||||||||||||||
|
El Modernismo es una tendencia artística que clausura el s. XIX y se desarrolla durante el primer cuarto del siglo XX. Cabe matizar que la denominación de este movimiento varía según el país: Art Nouveau, Modern Style o Liberty en Inglaterra, Style Moderne, Modern Style o Art Nouveau en Francia, Jugendstil en Alemania, Sezessionstil en Austria, Floreale o Liberty en Italia y Modernismo en España. Los primeros trabajos se encuentran en Inglaterra con la obra de John Ruskin, quien, influenciado por el arte gótico, publicó numeroso libros sobre literatura, pintura, arquitectura, escultura, estética y muchos otros sobre temas sociales. Sus ideas se popularizaron al influir en el movimiento Arts and Crafts Society, fundado en 1888, que se caracteriza por un retorno a la naturaleza, el acento en las curvas y las formas onduladas y los motivos vegetales junto a insectos, peces, sirenas, dragones y pájaros de colores. Ruskin fue seguido por artistas como Edward Coley Burne-Jones, William Morris, Walter Crane o Arthur Heygate Mackmurdo, entre otros. Para estos autores, la esencia está en la belleza y ha de hacerse evidente en cada obra de arte y no sólo en la obra de los artistas, sino también en los productos de la gran industria. El Modernismo es la expresión de aquella burguesía que amaba lo visual, lo estentóreo, lo bonito, lo palpitante, lo vital. La escultura, la pintura y las artes gráficas giran en torno a un estilo más decorativo que estructural. La arquitectura, máxima representación del Modernismo, presenta exteriores en piedra, cerámica y hierro forjado e interiores con paredes curvas, con una decoración exuberante que semeja la naturaleza rítmicamente móvil. El Modernismo tiene como objeto descubrir una forma de hacer artículos valiosamente artísticos, basada en el vitalismo y la sensación de movilidad, con una referencia continua a la naturaleza, en cuanto a lo que significa de viva, de dinámica y de cambiante, volviendo a la artesanía pero sin renunciar a la creatividad. Los modernistas hacen una constante alegoría a los elementos de la naturaleza y a las fuerzas, como el agua o el viento. En Francia, Hector Guimard diseña las entradas de las estaciones del metro de París y otros edificios como la Maison Louis Colliot (1897). En Austria, el Modernismo está representado por Otto Wagner, arquitecto de algunas casas excepcionales como la Majolikahaus de 1898 o la Ankerhaus de 1894. También destacan los alemanes Marc Klinger y August Endell. En América se distingue al ceramista y vidriero Louis Comfort Tiffany y en España, los catalanes, Gaudí, Puig i Cadafalch y Doménech i Muntaner son los arquitectos representantes del Modernismo. |
|||||||||||||||



Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados